Fisioterapia

Unas cuestiones sobre el miedo

El MIEDO es una reacción adaptativa que se produce ante una amenaza real, es una emoción básica indispensable para la supervivencia. El coronavirus COVID-19 es una amenaza real, y las reacciones de miedo ante un posible contagio son esperables en todos nosotros.

En fisioterapia es frecuente observar en nuestros pacientes comportamientos guiados por el miedo, miedo al dolor, miedo a lesionar de nuevo, miedo a la recaída, … La mayoría de ellos realizan un afrontamiento exitoso del mismo, superándolo con sus propias habilidades o ayudados por los profesionales implicados en su recuperación. Algunos pocos realizan respuestas desadaptativas de evitación que cronifican y complican su evolución.

En el año 2000 Vlaeyen y Milton sintetizaron las investigaciones que anteriormente se habían llevado a cabo en torno al comportamiento de los individuos ante el dolor. Propusieron el Modelo de Miedo- Evitación del dolor, en el mismo se explicaba cómo los sujetos que sufrían una lesión, con las sensaciones de dolor correspondientes, llevaban a cabo dos tipos diferentes de comportamiento: la confrontación o la evitación. En el primero de ellos, el individuo realizaba una afrontación adaptativa del mismo y, tras un periodo razonable de reposo, retornaba a sus actividades habituales progresivamente hasta llegar a la recuperación. Los sujetos que desarrollaban comportamientos de evitación no hacían actividades que pudieran, potencialmente, provocarles dolor por el miedo que habían desarrollado a experimentarlo.

Diversos autores explican que es la valoración catastrófica del dolor la que facilita  la evitación del movimiento en estos individuos, la cual se mantiene por diversos procesos: las contingencias de refuerzo negativo (la ausencia de movimiento alivia el dolor o la correspondiente disminución de sus responsabilidades laborales o familiares que supone su inactividad), de la misma forma también obtendrían refuerzo positivo al obtener la atención del prójimo.« Las conductas de evitación se consolidarían a través del condicionamiento operante pues la persona aprendería que evitando esas situaciones se reducen el dolor y el miedo»(Esteve y Rodríguez- Maestre, 2013). Asociado a estos procesos, se desarrollan frecuentemente conductas de hipervigilancia corporal, la cual amplifica cualquier mínima señal de dolor fomentando aún más el miedo. La respuesta desadaptativa de evitación provoca que el individuo no realice actividades físicas por miedo a experimentar dolor o empeorar la lesión, la generalización de este comportamiento conlleva a una disminución de la actividad diaria que conduce hacia la discapacidad funcional y las variaciones del estado de ánimo asociadas al mismo. Complicando aún más la situación, los comportamientos de evitación se anticipan al dolor, no responden al mismo, por ello las expectativas y creencias generadas tienen pocas posibilidades de ser modificadas: nunca se llega a experimentar realmente si esa situación provocaría dolor.

No sería riguroso establecer una similitud entre este modelo y las conductas de evitación que se observan actualmente en parte de la población, que evita salir de su casa o realizar actividades habituales por el temor al contagio, pero no puedo menos que señalar puntos en común de ambos comportamientos. Una de las características claves que favorece la perpetuación del comportamiento de evitación relacionado con el contagio por coronavirus, es la incertidumbre. La imposibilidad de controlar los eventos externos que pudieran favorecer un contagio disminuye la certeza de control. “No depende únicamente de mí”, lo cual genera más miedo y, por ende, más evitación. Aquí de nuevo no puedo evitar establecer comparaciones con el deportista lesionado que pospone, mediante dudas o excusas, su rentrada a la actividad deportiva. Sería el caso de un futbolista, por ejemplo, que ha logrado recuperar una lesión importante y se percibe como preparado para su actividad, pero el miedo a que un choque con una rival o una entrada dura le vuelva a lesionar, favorece que posponga la vuelta a la competición y se prolongue su fase de readapatación individual. Su conducta de evitación, alimentada por el miedo a lesionarse de nuevo, hace que no retorne a su actividad deportiva habitual, ya que percibe su imposibilidad de controlar el comportamiento de los rivales.

La conclusión que de todas estas reflexiones podemos obtener para los momentos actuales podría ser la necesidad de afrontar nuestros miedos sin imponernos plazos ni obligaciones. Con un sistema de creencias flexible y unas expectativas realistas. Como punto clave e indispensable: confiar en el comportamiento correcto y responsable de los demás.